Seis milloncitos de nada
Según se ha hecho público recientemente, el mantenimiento de los dos edificios más emblemáticos de la Expo, el Pabellón puente y la Torre del Agua, que quedarán en manos privadas tras la muestra, será de al menos seis millones de euros, a tres millones por edificio.

La Torre del Agua y el Pabellón Puente son las dos obras más representativas de la muestra y las dos con desfases presupuestarios considerables. En el primer caso, se calcula, de momento, un aumento del 20% del precio de partida de 30 millones. A su vez el Pabellón Puente, con una inversión inicial de 50 millones, se ha incrementado en un 50% y se teme que la cifra final se eleve aún más.
Aunque no hay nada cerrado, las conversaciones entre la Sociedad Expo y CAI e Ibercaja están bastante avanzadas y se quiere alcanzar un acuerdo para finales de agosto. Los servicios jurídicos de las tres instituciones están analizando actualmente la mejor fórmula que, casi seguro, consistirá en una cesión de uso para 15 o 20 años y con un coste simbólico -1 euro- para las dos entidades financieras, vamos un regalito por los servicios prestados, o más bien las servidumbres debidas entre ayuntamiento, DGA y entidades financieras.
Tanto la CAI como Ibercaja deberán destinar estos espacios -en los que se desmantelarán los contenidos creados para la muestra- para un uso cultural, fundamentalmente, museístico con los fondos propios con que cuentan. Los edificios albergarán, asimismo, exposiciones artísticas de primer nivel y reconocimiento internacional.
El elevado coste del mantenimiento se debe a los gastos de luz, energía para calefacción y aire acondicionado, elevadores, reposición de materiales y limpieza. Hay que tener en cuenta que el Pabellón Puente está envuelto en una compleja y desafiante fachada de 9.300 m2, compuesta por 26.550 piezas triangulares de hormigón reforzado y fibra de vidrio con 300 tipologías diferentes de geometrías y tonalidades de colores. Por si fuera poco, un total de 1.800 puntos de luz, cuya complejidad, según Heraldo de Aramón, precisa de cuatro operarios al menos para una simple reparación. Y todo este derroche impresentable construido bajo la etiqueta del desarrollo sostenible.
No menos complejidad presenta la Torre del Agua, de 76 metros de altura, donde lo más delicado para la limpieza son los 8.917 m2 de fachada conformada por 1.900 unidades de vidrio y dos kms y medio de pasarelas interiores con un coste de limpieza astronómico.
Todo ello sin tener en cuenta que estos edificios llevan sólo un par de meses inaugurados y se ignora el coste de posibles arreglos estructurales, que implicaría un gasto extra puesto que los materiales empleados en la construcción son, en muchos casos, de importación.
De momento poco se sabe de lo qué se hará a nivel efectivo, salvo que la CAI probablemente añada plantas para aprovechar el espacio de la Torre del Agua y que Ibercaja abrirá un restaurante en el interior del puente. Todo ello amparado por las instituciones y Expoagua, cuya única condición es que se mantenga el aspecto exterior de los edificios, lo que básicamente es dar “barra libre” a las entidades privadas.
Todo esto nos hace que pensar en toda una serie de cuestiones como es que detraer ese importe de lo que las cajas están obligadas a gastar en asuntos sociales es una afrenta al sentido común y a la sociedad. Pagarán como siempre los mas necesitados, aparte del coste desproporcionado de estas infraestructuras, aún pendientes de elaborar y lo que quede pendiente…


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