El agua se volvió humo
Del triunfalismo post-Expo hemos pasado a ni tan siquiera guardar las formas entre los promotores de la misma, a la vista del impresentable rifirrafe mediático que están protagonizando el alcalde Belloch, el expresidente de Expoagua y el presidente de la Tribuna del Agua, repartiéndose culpas sobre la evaporación del contenido presuntamente sostenible y de conciencia hidrológica de la Expo del Agua.
Comenzó Roque Gistau, expresidente de Expoagua, en Heraldo de Aragón, afirmando que “Esperaba que (la Tribuna del Agua) tuviese una continuación y lo he peleado de todas las maneras que he sabido, pero he fracasado y nadie ha cogido el testigo en serio de este tema, y creo que la fuerza de lo que se hizo en Zaragoza está un poco perdida”. Estas palabras constatan lo que muchos ya intuían durante la propia Expo, que el esfuerzo intelectual se quedaría en buenas palabras y mejores intenciones. Esta afirmación fue secundada por el propio director de la Tribuna del Agua, Eduardo Mestre y contraatacó Belloch afirmando (No sin cierta razón) que era chocante que el gestor del asunto dijera lo nefasta que fue la gestión, aunque obviando el hecho de que bien poco se sabe de lo que quedó del presunto legado de la Expo.

Roque Gistau, Belloch y Eduardo Mestre. Menudo trío.
El agua se convirtió en humo, en brindis al viento, pero sobre todo en ladrillo, bien de ladrillo. A la hora de la verdad la Expo fue más un homenaje al cemento que al agua. Lo más triste es que hubiera gente que se dice ecologista que jaleara esta pantomima, mientras tenía a otros ecologistas en la acera de enfrente con una posición crítica frente a la desaparición de la huerta de Ranillas o el dragado del Ebro.
Cuando la Exposición Internacional Zaragoza 2008 echó la persiana el 14 de septiembre del año pasado, en la clausura se lanzó el mensaje de que esta era una muestra “sin fecha de caducidad”. El motivo fue que la Carta de Zaragoza quedaba, de manera vinculante, en manos de las Naciones Unidas, del Bureau International des Expositions (BIE) y del Gobierno de España, quienes debían impulsar y extender sus recomendaciones en torno al uso racional y responsable del agua y muchas otras ideas, más o menos loables, en torno al líquido elemento.
El documento se ha paseado por varios foros nacionales e internacionales, pero sus logros reales de momento han sido prácticamente nulos. Después de que el ex secretario general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, expusiera la Carta de Zaragoza en la ceremonia de clausura de la muestra, comenzó un gran trabajo de recopilación de todas las aportaciones que se realizaron a la Tribuna del Agua de la Expo y al Faro, el espacio de las oenegés en Ranillas, que se recopilaron bajo el nombre de Caja Azul y permanecieron “perdidas” durante medio año.
Dicha Caja Azul, fue presentada sin pena ni gloria en el Foro Mundial del Agua de Estambul el pasado mes de marzo y desde entonces eso ha sido todo. Se han editado 120 copias y se espera que un futuro esté disponible en internet, con versiones en castellano, inglés y francés.

El Faro, edificio de la Tribuna del Agua, derribado. Todo un símbolo
Ni siquiera la presencia de la Oficina de la Década del Agua de la ONU -de cuyo trabajo poco se sabe- en la zaragozana Casa Solans ha logrado una mayor presencia del legado de la Expo en las Naciones Unidas. De hecho ni tan siquiera está claro que haya alguien trabajando en dicho edificio en torno al tema del agua. Eso sí, la restauración de la mansión modernista quedó muy bonita. Además, parece ya totalmente descartada la creación de una institución que siga con el trabajo de la Tribuna del Agua, como pretendían sus responsables.
Concluyendo: Casi un año después del inicio de la Expo, el legado intelectual de la muestra duerme el sueño de los justos. 500 comunicados de prensa, 320 expertos mundiales en temas diversos, un pabellón entero de la Expo (Por cierto ya demolido) dedicado al tema, decenas de ONG, artículos pagados a personalidades como Gorbachov o Rigoberta Menchú, que podrían haber ido directamente a la papelera viendo la repercusión que han tenido. Ahora se pasa la pelota a instituciones que ya existen y que, vagamente, tienen algo que ver con el tema como el Centro Internacional del Agua y Medio Ambiente (Ciama) que la DGA tiene en La Alfranca y al Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza. Esos serían los mecanismos de promoción regional, pero no se aclara ni quién realizará la proyección internacional ni cómo se realizará.
Un espectáculo lamentable, digno de tan lamentable evento y que significa un menosprecio hacia quien estuvo en la Tribuna del Agua de buena fe (Pobres incautos) y una cantidad considerable de dinero desperdiciado.

