La pasarela apesta
Unas tablas están hundidas, otras levantadas, y algunas, partidas. Pero todas ellas crujen bajo los pies de las numerosas personas que se acercan a la Expo por la nueva pasarela que da acceso a la telecabina desde la estación de Delicias. Al parecer, el rastrero concierto de ruidos se desató el mismo día de la inauguración del paso elevado, el pasado 7 de junio, una semana antes de que lo hiciera la muestra internacional. El problema no ha pasado inadvertido para nadie, empezando por la empresa constructora, que ayer envió a la pasarela a tres operarios que sustituían las tablas dañadas por otras nuevas.
“Se ve que lo terminaron aprisa y corriendo porque se les acababa el tiempo y ahora salen a relucir los fallos”, comentó Marcos Andrés, un turista catalán que atravesó en la mañana de ayer el paso elevado camino de la Expo de Zaragoza.
Los jubilados que pululan por el entorno del meandro de Ranillas fueron los primeros en darse cuenta de que el suelo, además de chirriar, parece inestable. “Han apoyado la tarima sobre espuma, en lugar de poner rastrales, por eso ceden las tablas”, apuntó Tomás Alcolea, un carpintero ya retirado.
“Las prisas son malas consejeras”, sentenció otro curioso de avanzada edad. “Es posible que la madera estuviera verde o fuera de mala calidad, pues, si no, no se entienden que estén haciendo ñapas a los pocos días de abrir esto al público”, indicó Enrique, una persona mayor que utiliza la pasarela para ir de Delicias a La Almozara.
“Todo quedará bien con el tiempo”, manifestó otro paseante, Miguel Andrés, de 83 años. “Es normal que al principio siempre falle algo, pero todo se va corrigiendo y al final está impecable”, dijo.
Los retoques que hacían los operarios de la empresa responsable de la pasarela se convirtieron ayer en otro motivo de interés para los curiosos que transitan por la zona a diario. “En septiembre seguro que está todo perfecto”, dijo uno de ellos irónicamente.


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